Saturday, March 17, 2007

¿Por qué atrae el poema y no el poeta?

Esto que transcribo líneas arriba son palabras de una amiga que en un día domingo platiqué vía chat, al momento de darle a conocer un poema mío, uno con mucho romanticismo que colindaba con lo patético y cursi, pero que al fin y al cabo pareció que le había llegado al fondo de su ser, ya que verter esas palabras no lo hace cualquiera, a no ser que sea una cualquiera o una chica demasiada extrovertida, ésta ultima podría estar más cerca de ella, quién sabe. Lo cierto de todo es que fue el poema quien salió mas premiado que yo, él era el que tenía los favores del ella, ese maldito montón de palabras bien puestas en su lugar y bien escritas, que daba como resultado unas frases agrupados como versos.
Ellos fueron los que atrajeron a esa mujer, la emocionaron; yo no la emocioné sino el poema, eso la verdad me llamó mucho la atención, dejando ciertos celos absurdos hacia con lo que escribía. Ahí está la frase, ahí está el poema. Y lo vuelvo a recalcar, porque en mí nunca había concebido tanto orgullo como algo de terror de solo pensar que ese poema y, en general, en los poemas que escribo, estén hablando por ellos mismos, siendo ellos una especie de conquistadores empedernidos, más que su creador, el que les dio la vida, el que les puso más hermosos. Pues ahí está la prueba fehaciente de lo que digo, mi amiga se ha enamorado del poema, pero ella no sabe que el poeta es el poema en esencia, las palabras, el poeta está hecho de palabras antes que de carne y hueso, los poemas son un reflejo fiel de las personas quien las escribe porque las siente, pero pareciera que ella no lo concibe así (y la mayoría de personas en general), y me pone a un lado para amar apasionadamente algo que es parte de mí, pero que está fuera de mí. Así como lo dijeron otros poetas, y lo certifico: una vez que el poema sale, es publicado, cae en manos de otros, es libre, y por ende independiente de quien lo haya escrito, así como los Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda, que en realidad ya no son él, ya no les pertenece; son de su paternidad , sí, pero ahora estos poemas son de los hombres que se enamoran, no, ni de ellos, sino del amor, de un amor real o idealista, están flotando por todo el mundo, son de antemano y por naturaleza unos apátridas, unos rebeldes, unos vagabundos; es ahí donde precisamente donde radica su atractivo: En no seguir ninguna regla de por medio, desafían al dios cronos, su anarquía no se compara con la anarquía de Bakunin, porque éste solo político y no como una forma de vida. Pueden estar en medio del frente de batalla animando a unos temerosos soldados o reaccionarios (recordemos a Miguel Hernández recitando parte de su poemario Viento del pueblo a los republicanos) o también pueden recorrer bares y prostíbulos, o inclusive ser del gusto de prostitutas y mujerzuelas (el poeta Charles Bukowski leía sus poemas en cantinas a cambio de un par de tragos; memorable el poema A la puta que se llevó mis poemas ¿Para qué querría una puta unos poemas de este viejo indecente?) o acaso también adorando al mismísimo Satanás (Bauderlaire fue detestado por los poemas satánicos que escribió, pero que concitó mucho la atención los poetas malditos por ser extremadamente hermosos), y por último hasta predicen, se adelantan a los hechos, como heraldos de la muerte (el poema que escribió acaso inconsciente Rilke, donde describía su muerte con el cardo una rosa). Hay muchos ejemplos más en que el poema –no el poeta- fue y es el protagonista y la estrella principal, dejando de lado a su creador; él está acaso arrimado hacia otro lugar; él algún día morirá, le harán un homenaje y será olvidado, mientras que el poema no va a morir nunca, más bien, será mencionado con emoción, recitado con pasión, odiado con devoción, sin en caso no sea efectivo para fines determinados, quedará en la memoria o en el corazón de muchos los hombres y mujeres que pueblan este mundo.
Es entonces, para bien o para mal, que es el poema indefectiblemente quien lleva las riendas de una vida de conquistas o rechazos por el grueso de lectores, y sólo depende de él si somos o no aceptados, tal cual hemos venido desarrollándonos a lo largo de nuestra vida. Así es que cuando le digan que se han enamorado de sus poemas o si sus poemas son considerados hermosos, alégrese y luego preocúpese pues de antemano el vencedor ha sido él.

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