Wednesday, March 28, 2007

DESLINDES ENTRE LA POESIA DE COMBATE Y LA POESIA DE ENCANTO




La poesía como una categoría del arte, ha sido objeto de divisiones de todo tipo, desde que nació como tal, y más aún desde los tiempos en que la vanguardia Europea se obsesionó por desligarla de otras formas de hacer poesía tomando en cuenta el telos de su creación; vale la acotación que estas ideas fueron evolucionando para arribar a las dos únicas vertientes como son: la poesía, en este caso, de encanto, decimos encanto porque el término puro es muy ambiguo y vago ya que no existe poesía impura; y la poesía de combate, uso ese término porque cabe señalar que el término social encierra a todos los creadores que precisamente están inmersos dentro de una sociedad y por ende serían también sociales.

El término mismo de poesía, desde sus orígenes, proviene de la palabra poiésis, que significa “Creación”, claro está que esta creación no se da de la nada, sino que tiene que coger elementos de la realidad, ésta puede ser supeditada bajo el filtro del artista, es decir, de cómo éste pueda sentir y ver su mundo circundante en base a sus percepciones sensoriales, esto implica un proceso que va plasmándose, en este caso, en la palabra; es por esto que el poeta ha tenido como materia prima de sus poemas los hechos que en él han ido perpetrándose, y lo que la llamada poesía de combate y sus diversas variantes han estado haciendo es Interpretar un mundo lleno de injusticias contra el pueblo, la explotación del hombre por el hombre, la miseria, el hambre, etc. No obstante, esta percepción pasa por los dominios de la ideología suya y de su grupo social, ante esto nos estaríamos refiriendo a una poesía más de carácter doctrinario; en cambio la poesía de encanto se ha centrado en el acto mismo de la contemplación de las cosas existentes, en un marco subjetivo, recibidas, obviamente, del exterior para Transmutarlas sin ánimos de manipulación, aunque alcanzados por la vía intuitiva, que a nuestro entender, está ligada a la búsqueda de la belleza en todo el sentido de la palabra; mas no de un tipo de arte utilitarista, que pretendía asignar Platón, en su Republica, a los poetas esa tarea con marcados fines políticos y tintes didácticos. En contraposición a este dicho, Enrique Moreno Baez sostiene que “el contenido de estos poemas (de encanto) no podría ser otro que el de la conciencia de sus autores, reducido a lo esencial de manera que apenas acusara sus límpidos trazos.”

Es, pues, que la poesía de combate, para transmitir esa carga ideológica, tiene que emplear otro tipo de códigos, que sean accesibles para el lector, y de esta manera provocar en él un cambio de actitud, o como diría José Ángel Ascunce, el “emisor-poeta tiene que marginar cualquier planteamiento de carácter subjetivo para potenciar al máximo el dato objetivo del referente.” Y así llegar a su cometido en el accionar inmediato del lector; en pocas palabras, que el lenguaje esté elaborado a partir de la utilidad que le da para comunicarse con el otro, cayendo así en una visión contenidista del fenómeno literario. En tanto que la poesía de encanto se sostiene en base a una retórica más elaborada, frisando con una especie de lenguaje artificial (¿metalenguaje?) para mostrar los temas, que un lenguaje común y corriente no podría hacerlo; que descifre el movimiento interno de la vida, el fluir constante de los cambios en el tiempo, y captar eso, describir eso, obliga a formular complejas metáforas y símbolos; además de abogar por un lenguaje allegado a lo lúdico y ambiguo alimentando así su riqueza interpretativa, con el lector como actor activo en la deconstrucción del poema.

100 Sin embargo, para bien de la poesía, existieron poetas que rompieron estos moldes, se fueron contra ellos, postularon a otras formas de poetizar su tiempo y sus diversas crisis; más libres, acaso más ecuménicos, en este caso nos podemos referir, por ejemplo, a la poesía de Cesar Vallejo, el más humano de todos los poetas peruanos; también a Jorge Eduardo Eielson (“Habitación en Roma” ), Paúl Celan (“Cambio de aliento”) y a T.S. Eliot (“Tierra Baldía”).
Articulo publicado en la revista de poesía "Transtierro" Número 3

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